De corte autobiográfico, referida en concreto a la primera experiencia del autor como capitán de un barco mercante entre 1887 y 1888, La línea de sombra alude en su título al «cambio de la juventud, ardiente y libre de preocupaciones, al período más consciente y más relevante de la vida en la madurez». Se trata, pues, de una novela de iniciación, en torno a un joven marinero que, en las primeras páginas, y tras pasar dos años en un barco escocés, lo único que desea es volver a Inglaterra. Pero, inopinadamente, se le ofrece la oportunidad de ponerse al mando de un velero mercante y la acepta con entusiasmo. La travesía, sin embargo, muy al estilo de Conrad, está muy lejos de ser épica: aquí no hay que lidiar con tifones ni con piratas sino con largos días de calma chicha en los que la nave apenas puede avanzar y con una tripulación mermada por una epidemia de malaria y angustiada por la posibilidad de una maldición. La vida del mar enseña al joven sus facetas más oscuras y lo sume en el retraimiento y la inactividad. Pero finalmente sale de la experiencia fortalecido y con renovadas ganas de navegar o, lo que es lo mismo, de enfrentarse a la vida y el mundo. Publicada en 1917, esta pequeña novela sigue siendo un referente en la obra de Joseph Conrad.
Joseph Conrad (Józef Teodor Konrad Korzeniowski, 1857-1924) De origen polaco, perdió a sus padres cuando era niño y con sólo 17 años se embarcó por primera vez en Francia para iniciar su aprendizaje en la marina mercante. En 1886 obtuvo la nacionalidad británica y, ocho años después, abandonó la marina para dedicarse en exclusiva a la literatura. Pronto se convirtió en uno de los escritores fundamentales de la literatura inglesa, con grandes éxitos como El negro del Narcissus, El corazón de las tinieblas, Lord Jim, Tifón, El agente secreto, Victoria y Entre la tierra y el mar (Belacqva, 2006), entre otros. Cuando murió, había tenido tiempo de contrabandear armas para los revolucionarios carlistas en España, de viajar desde el archipiélago malayo hasta la costa caribe de Colombia, de tener dos hijos y escribir más de veinte libros, de ser admirado por Henry James y por André Gide, de negarse a recibir los máximos honores de la Corona Británica y de cambiar para siempre el arte de la novela.