Los deberes es la última obra filosófica de Cicerón. La escribió tras el asesinato de César, en el otoño
del agitado año 44 a. C., cuando la inestabilidad política llenaba el futuro de incertidumbre. Con esta obra Cicerón
quería proporcionar a su hijo y a todos los jóvenes aspirantes a cargos públicos de esa generación unos principios de
conducta, tanto éticos como políticos. Para ello adopta la doctrina estoica, según el esquema de las virtudes de
sabiduría, justicia, magnanimidad y corrección. Propone como principio orientador de la actuación la honorabilidad,
tras la cual debe tenerse en cuenta la utilidad; ante un aparente conflicto entre ambos, cuando la perspectiva de
obtener un gran provecho parece justificar acciones poco honorables, la respuesta decidida de Cicerón es que lo útil
siempre coincide con lo honorable.
La figura de Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C) constituye, sin lugar a dudas, una de las más relevantes de cuantas nos haya legado la Antigüedad clásica. Nacido en el seno de una familia perteneciente a la nobleza de Arpino, recibió una formación completa en Grecia y Roma que, combinada con su inusual capacidad oratoria y un brillante dominio del lenguaje, le llevó a ser un político republicano prominente, el más destacado abogado de su tiempo, un reputado pensador y un escritor que es el paradigma de la perfección de la lengua latina. Marco Tulio Cicerón es el escritor romano de época clásica del que mayor cantidad de escritos se han podido leer en los veinte largos siglos que han seguido a su muerte.