José Zorrilla escribió al borde de la pobreza y necesitaba aclarar los motivos que le habían llevado a tales aprietos pecuniarios, al final de su vida. Con su confesión pretendía purgar para siempre sus "viejos pecados"?los enfrentamientos con su padre y el abandono del hogar? causantes de la penuria que le obligaba a volver a la escritura contra su voluntad.
Al igual de lo que sucede en la novela picaresca, Zorrilla describe en sus memorias no tanto lo que ocurrió en un tiempo anterior cuanto las circunstancias que le condujeron al estado actual. La literatura se hace con el material de los sueños, y donde hay sueños hay espejismos y también abismos de desgracia. Es lo que convierte a de los grandes libros de la prosa española del XIX y, para muchos críticos, en las memorias más importantes de una centuria, no demasiado fecundaen este género.
La Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad, comprometida en la recuperación de las creaciones literarias y los escritos testimoniales que acompañan y modulan la historia contemporánea Recuerdos del tiempo viejo a tantos lectores que no sólo desean restituir al pasado su dimensión humana sino que también pretenden resucitar el ayer con el pulso narrativo de una novela.
José Zorrilla fue poeta y dramaturgo español y una de las figuras más destacadas del Romanticismo. Estudió leyes en las universidades de Toledo y Valladolid, pero no lo aprovechó demasiado y acabó huyendo a Madrid, donde tras vivir en la más absoluta pobreza, consiguió cierta fama. Fue un escritor prolífico: escribió principalmente historias nacionales, pero cultivó también la lírica, las leyendas y el teatro. Vivió en París, Londres y México. De regreso a España, en 1866, pudo comprobar que, pese a la extraordinaria popularidad que había alcanzado su obra, no conseguiría solucionar sus apuros económicos. El reconocimiento le vino cuando en 1882 ingresó en la Real Academia Española; en 1884 fue nombrado cronista de Valladolid y en 1889 poeta nacional en Granada.
El genio de Zorrilla como poeta de su tiempo se advierte primordialmente en sus leyendas como A buen juez, mejor testigo y en su poema épico Granada (1852). Entre sus principales y exitosas obras dramáticas figuran Don Juan Tenorio (1844) y Traidor, inconfeso y mártir (1849).