Sinopsis La historia de las relaciones entre Zorrilla y la Real Academia Española está salpicada de circunstancias anómalas. La principal de ellas es el hecho de haber sido elegido académico dos veces, la primera en 1848, para una plaza que no llegó a ocupar, y la segunda en 1882. Cuando en 1885 tomó finalmente posesión, lo hizo, por vez primera desde que se estableció el ritual de las recepciones públicas, con una composición en verso que traza una suerte de autobiografía y autorretrato poéticos. A este Discurso poético, que aquí se reedita, le sigue la magistral contestación en prosa de don Leopoldo Augusto de Cueto, marqués de Valmar.
José Zorrilla fue poeta y dramaturgo español y una de las figuras más destacadas del Romanticismo. Estudió leyes en las universidades de Toledo y Valladolid, pero no lo aprovechó demasiado y acabó huyendo a Madrid, donde tras vivir en la más absoluta pobreza, consiguió cierta fama. Fue un escritor prolífico: escribió principalmente historias nacionales, pero cultivó también la lírica, las leyendas y el teatro. Vivió en París, Londres y México. De regreso a España, en 1866, pudo comprobar que, pese a la extraordinaria popularidad que había alcanzado su obra, no conseguiría solucionar sus apuros económicos. El reconocimiento le vino cuando en 1882 ingresó en la Real Academia Española; en 1884 fue nombrado cronista de Valladolid y en 1889 poeta nacional en Granada.
El genio de Zorrilla como poeta de su tiempo se advierte primordialmente en sus leyendas como A buen juez, mejor testigo y en su poema épico Granada (1852). Entre sus principales y exitosas obras dramáticas figuran Don Juan Tenorio (1844) y Traidor, inconfeso y mártir (1849).