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(Re)descubre la literatura japonesa
¿Te da miedo la literatura japonesa? Tres claves para empezar a disfrutarla.
¿Nunca te has animado con la literatura japonesa porque piensas que será muy complicada, inaccesible o llena de «nombrajos» impronunciables? También puede que le hayas dado una oportunidad y te hayas percatado de que, efectivamente, en ella hay algo distinto —más allá de esos «nombrajos»—.
Sea cual sea tu caso, te ofrezco algunos conceptos básicos que te ayudarán a saborear y disfrutar de otra manera tu próxima lectura japonesa.
El mito del ritmo lento: ¿Por qué parece que «nunca pasa nada»?
Quizás el mayor de los sesgos con los que el ojo occidental categoriza a la narrativa japonesa sea su ritmo narrativo. Nuestra cultura nos entrena en el consumo de historias que siguen la estructura aristotélica clásica (presentación, nudo y desenlace), donde el conflicto es el motor que hace avanzar la acción. Sin embargo, la literatura nipona tiene sus raíces en los clásicos orientales chinos, que dividían las obras en cuatro actos impulsados por la revelación. Es lo que se conoce como Kishōtenketsu:
Ki (起): Introducción de los personajes y la situación.
Shō (承): Desarrollo de la trama sin grandes alteraciones.
Ten (転): El giro, una situación nueva que cambia la perspectiva.
Ketsu (結): Conclusión o reconciliación.
— «Pues, Rodri, lo mismo es, ¿no?»
— No… exactamente.
El conflicto narrativo occidental mueve la acción mediante la colisión entre una fuerza impulsora (protagonista) y una fuerza resistente (antagonista). En la novela japonesa, por su parte, la fuerza motriz es la revelación que nos lleva a un cambio de perspectiva. Además, el Kishōtenketsu es de naturaleza asociativa: presenta situaciones contrapuestas que invitan al lector a encontrar la armonía o el significado de su conexión. Al concluir, no se ha «resuelto el problema», sino que se ha alcanzado un nuevo estado de madurez o de comprensión.
Ma (間): El vacío con identidad
¿Has mantenido alguna vez una conversación sobre el clima con tu vecino en el ascensor? Quizás hayas oído alguna vez el concepto de horror vacui. La cultura occidental percibe el vacío o el silencio como algo incómodo o indeseable. En Oriente, los valores son muy distintos. Una pausa antes de responder, lejos de crear un lapso incómodo, se interpreta como una muestra de respeto: el interlocutor está seleccionando la mejor respuesta posible.
En la filosofía y el arte japonés, este concepto se conoce como Ma (間). ¿Pero qué lo hace tan especial y diferente de nuestra mirada occidental?
- El horror al vacío frente a la promesa del espacio: en la tradición artística occidental (especialmente desde el Renacimiento hasta el Barroco), cada rincón del lienzo tiende a rellenarse con detalle, luz o color. En cambio, el arte oriental entiende que el vacío no es una «ausencia de contenido», sino contenido en sí mismo.
- La belleza de lo que queda sin pintar (Yohaku no bi 余白の美): este concepto está íntimamente ligado al Ma. No se dibuja la niebla; se dibuja el contorno de los árboles con trazos sutiles para que el propio papel en blanco se convierta en niebla, invitando al espectador a completar la obra con su propia imaginación.
Esta forma de entender el arte se traslada a su literatura en forma de silencios, elipsis y sobreentendidos. El autor deja que el lector habite las pausas de la narración de la misma manera que el ojo descansa en las zonas limpias de un lienzo.
Armonía y respeto: El Wa (和) y el Rei (礼)
Estos conceptos definen las reglas invisibles que sostienen el comportamiento de los personajes. En sus historias, todo busca la armonía y está sumamente jerarquizado.
¿Has oído alguna vez que en Tokio, la zona urbana más poblada del mundo, todo funciona como un reloj? Los conceptos de Wa (和) —la armonía o el equilibrio— y de Rei (礼) —la cortesía o el respeto— son fundamentales para comprenderlo.
El Wa prioriza el bienestar colectivo frente al interés individual; por ello, cada miembro del grupo intenta evitar el conflicto directo. El Rei, en su búsqueda del respeto por las formas, invita a valorar el comportamiento correcto por encima de la intención. El producto de ambos es una sociedad que valora la predictibilidad y condena la espontaneidad.
Es, además, una estructura con una jerarquía vertical: en cualquier contexto —escolar, laboral, familiar o de ocio— siempre hay alguien por encima y alguien por debajo. El Rei marca el respeto hacia arriba y la protección hacia abajo; el Wa asegura que nadie discuta ni se salga de su lugar.
Resulta fascinante analizar a los personajes de una novela japonesa viendo cómo afrontan sus dilemas sin rebelarse para destruir el sistema, sino llevando el conflicto hacia dentro en una clara defensa de la comunidad. Esto genera situaciones de una delicadeza emocional que, cuando aprendes a leerla entre líneas, resulta desgarradora.
¿Te animas con tu siguiente lectura?
Si después de leerme te pica la curiosidad, puedes pedirnos uno de los títulos que te recomiendo al comienzo de esta sección o bien puedes pasarte por la librería. Estaré encantado de recomendarte el título perfecto para ti.
