Hay un jardín claro, entre las tapias bajas,
hecho de hierbas secas y de luz que cuece lenta
su tierra. Es una luz que sabe a mar.
Tú respiras esa hierba. Te tocas el pelo
y alteras el recuerdo.
He visto caer muchos
frutos, maduros, en una hierba que conozco,
con un ruido sordo. Así te estremeces
cuando te bulle la sangre. Mueves la cabeza
como si alrededor sucediese un prodigio del aire
y el prodigio eres tú. Hay un sabor idéntico
en tus ojos y en el cálido recuerdo.
«Si en algo cree Pavese es en la renovación de la lírica. El poeta alberga grandes sueños. Busca incansablemente aunar tradición e innovación, hilvana los textos a modo de un cancionero que renueve y aporte una visión novedosa a la larga tradición lírica italiana. Cada poeta persigue un movimiento ascendente o descendente, un elemento natural o un espacio determinado. El tono que predomina en Pavese, avivado por los elementos de la tierra y el fuego, no deja lugar a dudas. Esta es una poesía del acabamiento, de los ritos fatuos, de la catábasis». Aitana Monzón
Cesare Pavese, que nació en Santo Stefano Belbo en 1908 y se suicidó en Turín en 1950, es una de las figuras fundamentales de la literatura contemporánea. Traductor al italiano de Hesiodo, Herman Melville, Joyce y Dickens, su obra poética, narrativa y ensayística ocupa un lugar capital en la cultura de nuestro siglo, y relatos o novelas como La playa (Seix Barral, 1967 y 1987) o El bello verano marcan una etapa decisiva en la evolución de la narrativa occidental. Su diario, El oficio de vivir (edición íntegra y definitiva: Seix Barral, 1992), ha sido uno de los libros de mayor influencia y resonancia más duradera en la Europa contemporánea.