El gran poeta bengalí Rabindranath Tagore (1861-1941) consigue, con un estilo sencillo y hondo a la vez, en una síntesis milagrosa de folclore indio, textos sagrados, cultura occidental y música y arte universales, transmitir un legado de genuina relación con lo luminoso, antesala de la iluminación que limpia el mundo de sombras e intereses oscuros. Su literatura se halla tan cerca del latido primordial y del corazón de los seres vivos, tan entreverada de misterios naturales y de invocaciones a la divinidad, que hipnotiza desde la primera lectura. Esta selección de su célebre Gitanjali está dividida en dos secciones: poemas amorosos y de la naturaleza, y poemas místicos. Difícil distinguir, en todo caso, entre el sentimiento que produce la inminente llegada del amado o de la amada, el derivado de una tormenta monzónica que pone a temblar los bosques y los corazones o el de un loto que se abre como metáfora del ciclo de la existencia, y el que prende en uno cuando es rozado por la presencia (o la ausencia) divina. Los poetas Jesús Aguado y Subhro Bandopadhyay consiguen, con esta soberbia traducción hecha directamente del bengalí, que Tagore llegue a nosotros tan vivo y poderoso como el primer día.
Considerado como el más importante escritor contemporáneo de la India y uno de los fundamentales de la Literatura Universal del siglo XX, como reconociera la concesión del Premio Nobel de Literatura de 1913. Su magna obra, escrita en bengalí, se compone de 32 voluminosos tomos de sus Obras completas, más 19 volúmenes de Cartas, a la que se unen unas 2500 pinturas y 2350 composiciones musicales, entre las que se encuentran el actual himno de la India (Jana-Gana-Mana) y el de Bangladés (Amar Shonar Bangla).