Si existe una presencia inolvidable en el teatro filosófico y político del siglo XX es la de J. P. Sartre. Pero si su presencia es fundamental no es porque propusiera ofertas filosóficas o políticas certeras. La seducción que provoca su obra es debida, sobre todo ?como se ilustra en este texto?, a la pasión intelectual que la anima. Pasión por fundamentar la realización de la libertad individual y social. Sin embargo, la aventura sartreana es la historia de un extraño fracaso. Desde el primario nietzscheanismo ?subrayado por Louette o Lévy? hasta la apuesta final por la potencia de lo imaginario, la aventura de Sartre es limitada por la pretensión de concertar libertad y proyecto colectivo. No hay escritor en el siglo XX que asumiera con semejante esfuerzo el reto de nuestra contemporaneidad.
Jean-Paul Sartre (París, 1905-1980) estudió en la École Normale Supérieure de París, y amplió su instrucción en Suiza y Alemania. Comenzó a impartir clases en la Universidad de Sorbona a partir de 1929. Durante la Segunda Guerra Mundial luchó en el conflicto, fue prisionero de los nazis y, tras su liberación, trabajó en la Resistencia. En aquella época publicó La náusea (1938), la obra de teatro Las moscas (1943) y su trabajo filosófico El ser y la nada (1943). En 1945, año en que abandonó la tarea docente y se dedicó plenamente a la filosofía y a la literatura, fundó con Simone de Beauvoir la revista política y literaria Les Temps modernes. Es autor, además, del ensayo filosófico Crítica de la razón dialéctica (1960), la serie narrativa Los caminos de la libertad, que comprende La edad de la razón (1945), El aplazamiento (1945) y La muerte en el alma (1949); las biografías de Jean Genet ?San Genet, comediante y mártir (1952)? y Gustave Flaubert ?El idiota de la familia (1971-1972)?; las obras teatrales A puerta cerrada (1944), La puta respetuosa (1946) y Los secuestrados de Altona (1959), y su autobiografía, Las palabras (1964). Rechazó el Premio Nobel de Literatura de 1964.