La República de Venecia vive en el siglo XVIII sus últimas horas de gloria. Nunca se ha divertido tanto, nunca la fiesta y la música han ocupado semejante lugar en la vida cotidiana. El Carnaval (que dura entre cinco y seis meses) las fiestas oficiales, el juego, pero también los conciertos, las ceremonias religiosas y la ópera provocan la admiración y la envidia de los visitantes extranjeros. Vivaldi, cuyo nombre es inseparable de Venecia , escribe sus conciertos para las muchachas de los Hospicios y se comporta, en el mundo del teatro, como un hombre de negocios tan dotado como astuto.