Ignacio Selva, un señorito madrileño aficionado a leer novelas policíacas, se convierte en detective al verse obligado a resolver un crimen ocurrido en su círculo de amistades para demostrar su propia inocencia.
Selva, que no es un detective al uso, se implica en la investigación por encargo de su médico, para paliar y combatir su abulia existencial. Sin embargo, pese a llevar a cabo sus pesquisas estudiando el lugar del crimen, valorando las pruebas y comprobando sucesivas hipótesis, no es el detective infalible que parece querer demostrar, sino un ser humano ambiguo y contradictorio; en definitiva, un investigador vulnerable.
Completan este libro tres relatos de la autora de género policíaco: La cana, Nube de paso y La cita.
(1851-1921), culta, inteligente, gran viajera y lectora, dio a conocer las nuevas corrientes literarias europeas del siglo XIX. Defensora del acceso a la educación de la mujer como pieza clave para la consecución de su igualdad, desempeñó cargos casi monopolizados por hombres: consejera de Instrucción Pública, presidenta de la sección de literatura del Ateneo o catedrática en la Universidad Central