Juanito Santa Cruz, hijo único de una familia de ricos comerciantes de paños, es un joven apuesto, mimadísimo, ocioso, con más amor propio que conciencia. Acepta casarse, como ha dispuesto su madre, con su prima Jacinta, «una chica de excelentes prendas, modestita, delicada», dejando atrás al menos de momento «la manía de lo popular» que lo había llevado a tener una aventura con Fortunata, una muchacha fogosa pero pobre, condenada a ser «víctima del hombre». Fortunata lo dice muy claro: «Pueblo nací y pueblo soy; quiero decir, ordinariota y salvaje»; pero al mismo tiempo hay en ella un fuerte impulso de ser «honrada» y «un ángel», como Jacinta. De la antítesis y finalmente la síntesis entre estas dos heroínas nace una de las cumbres de la literatura española del siglo XIX, Fortunata y Jacinta (1886-1887), de Benito Pérez Galdós, que aquí presentamos en una nueva edición a cargo de Ignacio Echevarría. La gran novela de Madrid, como se la ha llamado, recorre minuciosamente sus capas sociales en una extensa y memorable galería de personajes secundarios a los que se dedica casi tanta atención como a los protagonistas. El narrador dice conocerlos personalmente a todos ellos y, con su asombroso dominio del lenguaje coloquial, trata al lector de tú a tú. Su realismo, sin embargo, va más allá de las fórmulas y da cabida a ambigüedades morales, al poder de los sueños y de lo irracional, y a misteriosas vinculaciones entre la santidad y el pecado, la razón y la sinrazón. Tal vez al final valores innegables como la virtud y la cordura sean demasiadas veces sinónimo de conveniencia social.
Nacido en Las Palmas en 1843, se trasladó a Madrid para estudiar Derecho y comenzar su actividad periodística en La Nación y luego en El Debate. De la obra del autor más destacado y fecundo del realismo español, formada por 77 novelas, 22 obras de teatro y varios ensayos, sobresalen La Fontana de Oro y los Episodios Nacionales. Su espíritu liberal evolucionó hacia el socialismo humanitario y chocó con los medios eclesiásticos y conservadores que obstaculizaron su candidatura al Premio Nobel. Murió en 1920.