Coma
punto y seguido se desarrolla en torno a una historia real y otra de ficción. En la primera, el proceso largo y constante de un joven (Óscar Lisbona) que sufre un accidente de tráfico que le mantiene en coma durante 33 días, y en la segunda, las ambiciones mal entendidas de un joven que se complica la vida hasta que termina con sus huesos en la cárcel. La novela puede leerse intercalando ambas historias, que sólo tienen como nexo en común el principio, o bien haciéndolo por separado.
Óscar, el protagonista, no tenía problema alguno. Todo lo contrario. Con 24 años, después del último examen de la licenciatura de Ciencias de la Actividad Física, decidió poner fin a largos meses de estudio y sacrificio pasando un fin de semana, junto a su novia, en la provincia de Cádiz. Un colofón perfecto para iniciar una etapa ilusionante en su vida. Sin embargo, el destino le tenía preparada una trágica sorpresa: al regreso a Málaga, tras un accidente de tráfico, el inquieto joven era evacuado en helicóptero para intentar salvarle la vida. Su acompañante sufrió heridas leves, pero Óscar entró en coma.
Treinta y tres días codeándose con la muerte hasta que abrió los ojos a una realidad muy distinta a la de antes del siniestro. Empezaba una cuenta atrás para volver a ser el Óscar de siempre, llena de obstáculos, pundonor, momentos de desfallecimiento y mucho sacrificio, que al final se convierte en una auténtica historia de superación.