El filósofo francés nos insta a romper la tendencia a la autocompasión y al victimismo, algo que va contra el progreso que implica la modernidad, y que se acentúa en las nuevas generaciones.
A la humanidad victoriosa de la modernidad le sucede hoy una sociedad victimista. La promesa de un mundo mejor, liberado del fatalismo y el fanatismo, que inspiró a la Ilustración y a la Revolución francesa, ha engendrado ciudadanos lastimeros y autocomplacientes.
Bruckner afirma en este libro que la civilización actual identifica la grandeza con la preocupación por los humillados; en la otra cara de esta tendencia sitúa a la victimización como chantaje al prójimo y una obsesión patológica por el reconocimiento. Paradójicamente, el sufrimiento se erige como nuevo valor sagrado en el Occidente hedonista.
El filósofo francés explica por qué todos, ricos y pobres, hombres y mujeres, hacen alarde de sus propios certificados de sufrimiento, que los elevan por encima de sus semejantes; y cómo, en detrimento de los verdaderamente desgraciados, «por un curioso vuelco, los felices y los poderosos también quieren pertenecer a la aristocracia de los márgenes, formar nuevas castas de derrotados». Finalmente, aborda el culto al dolor, que, impregnado de amargura, ensalza la figura del mártir y alimenta las dos grandes pasiones contemporáneas: el resentimiento y la venganza.
La pose de la exclusión, el narcisismo de la segregación y la competencia victimista prosperan por todas partes. Y cabe preguntarse si las generaciones jóvenes, consentidas y criadas en el miedo y la susceptibilidad, serán capaces de afrontar el caos del mundo en el que vivimos, marcado por la violencia y las catástrofes naturales.
«Hay una constante en la obra de Pascal Bruckner que roza la profecía. Su último ensayo sobre la victimización y la complacencia en el sufrimiento, real o imaginario, es una lectura imprescindible».
Le Point
Pascal Bruckner, filósofo y novelista francés, nació en París en 1948. Colaborador habitual de Le Nouvel Observateur, en 1995 obtuvo el Premio Médicis de ensayo por La tentación de la inocencia y en 1997 el Premio Renaudot por la novela Los ladrones de belleza. Otra de sus novelas, Lunas de hiel, fue adaptada al cine por Roman Polanski. Entre sus títulos ensayísticos hay que destacar también El nuevo desorden amoroso (en colaboración con Alan Finkielkraut), La euforia perpetua y Miseria de la prosperidad.