Mediodía en Nación Navajo. Carretera infinita, una familia abandonada a su suerte y el inicio de una historia que no es lo que parece. Así empieza No pasa nada. Un ensayo que arranca como un thriller y en el que el testimonio novelado se entrelaza con la divulgación.
Narrado por la madre de una niña autista, No pasa nada aborda la discapacidad desde el prisma de la maternidad y nos empuja a cuestionar nuestra propia definición de «lo normal». Un libro que reivindica con humor esta maternidad patas arriba y que, junto a referentes como Temple Grandin o Donna Williams, recorre algunas de las particularidades que definen el autismo.
Abandonaremos el desierto americano y seguiremos a esta familia hasta Suiza. Un país famoso por su riqueza y progreso, pero donde los obstáculos para quienes son «distintos» tampoco disminuyen. Asuntos tratados desde la necesaria denuncia social y que formarán parte, entre otros, de este relato atípico. Una invitación a abrazar nuestra diversidad como especie y un grito a favor de los cuidados y la inclusión.
De madre vasca y padre riojano, Bego Prados (Barcelona, 1978) crece en el seno de una ruidosa familia numerosa, junto a tres hermanos y una hermana. Marcada por una infancia ochentera de extrarradio y por veranos en el pueblo, de esos que avanzan con sandalias cangrejeras y barquillos de helado tricolor en las manos.
Licenciada en Historia del Arte y maestra de primaria en la escuela pública, la casualidad la llevó a Suiza en 2011, donde todavía reside junto a su marido, sus tres hijos y su perro.
Su primera hija, Jone, recibió un diagnóstico de autismo en Ginebra antes de cumplir los tres años. Un inesperado volantazo en su vida y el motor en llamas de No pasa nada, un proyecto narrativo inusual y su primera incursión editorial.