A finales del siglo XIX, Alice Seeley Harris acabó convirtiéndose en la primera gran fotógrafa. Provista de una cámara Kodak, fue testigo de uno de los holocaustos más cureles de la historia: el régimen establecido en el Estado Libre del Congo por el rey belga Leopoldo II. Su figura fue determinante para que la historia cambiara. Sin embargo, su vida y su leyenda se perdieron en la noche de los tiempos.
A los diecinueve años cubrió su primer conflicto en Macedonia y desde entonces ha dedicado su carrera a mostrar la realidad de la guerra y el sufrimiento de sus víctimas. Enamorado de la crónica periodística y de la literatura de viajes, su trabajo le ha llevado a países como Afganistán (donde residió diez años), Irak, la Franja de Gaza, Ucrania, Crimea, República Centroafricana, Sudán del Sur, Somalia, Uganda, Sudáfrica, Tailandia, o Sri Lanka.