REDON, ODILON (Ilustración)
La señora Lamarchand necesita una criada y ha oido hablar de Hilda, de su buena disposición para el trabajo, de su educación y su belleza. No toleraría una criada indolente, pero sobre todo que fuera demasiado delfada o simplemente gordita. ¿Cómo va a ocuparse de su casa y de sus hijos si no controla su propio cuerpo?La señora Lemarchand considera que Hilda tendra la suerte de servir en una casa de gentes de izquierda. Por eso quiere algo más que una criada, quiere educar a Hilda, enseñarla a vestirse y a comportarse en sociedad, quiere que sea su amiga. Sin que, por supuesto, deje de aumentar cada vez más rigurosamente sus obligaciones.Hilda puede leerse como una narración, como obra de teatro o como una antigua fábula en la que la transparencia del texto oculta y, al mismo tiempo, da forma a temores profundos y universales. La intensidad de la escritura de Marie NDiaye logra materializar a Hilda, un personaje sin voz que, a lo largo del texto, va transformándose en el sueño de su señora. Porque hoy la dialéctica del amo y el esclavo no da lugar a la menor rebelión: la señora seguirá necesitando desesperadamente otra Hilda y la criada seguirá sometida a su voluntad.Marie NDiaye (Pithiviers, Francia, 1967) es una de las autoras actuales más valoradas por la crítica en Francia. Fue galardonada con el premio Femina en el año 2001 por su novela Rosie Carpe y, en 2009 con el premio Goncourt por Tres mujeres fuertes. También ha tenido el reconocimiento del público: en el año 2009 fue la autora más leída en lengua francesa.A los diecisiete años publicó su primera novela en la que la crítics ya reconoció a una gran escritora. Desde entonces ha publicado novelas, relatos y obras de teatro. Es la única escritora viva cuya obra ha sido incluida en el repertorio de La Comédie Française.
Odilon Redon (Burdeos, 1840-París, 1916) es el máximo representante del simbolismo pictórico francés, un movimiento que se opone al realismo y al impresionismo, y que comparte con la literatura la búsqueda de un arte más elevado, con una fuerte carga espiritual y que considera el mundo como un misterio a descifrar. Tanto en su etapa de dibujos y litografías oscuros (los «negros») como en su empleo del color en pasteles y óleos a partir de 1890, en Redon destaca una originalidad que participa de lo enigmático y lo extravagante. Mitos paganos, figuras bíblicas y orientales, animales imaginarios pero también el colorido de las flores aparecen continuamente en sus cuadros. Ya en los primeros años del siglo XX se dejó ver su influencia en las generaciones posteriores, desde los Nabis hasta el Surrealismo, que destacó los elementos inconscientes y oníricos de su producción.