Sobra en Cádiz la gracia para sufrir y para gozar. Su depositario en la gloria y en el sufrimiento, en el purgatorio de Segunda B o en el paraíso de Primera, se llama Cádiz C.F. Y su afición, abnegada y ejemplar, tiene ahora la oportunidad de gustar, en estos relatos, de todo ese arsenal simbólico y dialéctico que tiene su sustento en tanta mortifi cación y enredo.
Antonio Hernández nos habla de fútbol para hablar de varias cosas a la vez: de lo asombroso y del gusto de fi gurarnos cosas, de lo que no pasó y de lo que pudo llegar a pasar y, finalmente, de las artes y de las trampas del cadismo. El sentido de la tragedia inventa insólitos recursos que el escritor maneja como nadie, siendo capaz de transformar un juego
sin gloria en una trifulca legendaria. Al hacerlo, el narrador renuncia a tener la razón absoluta -el fútbol es una condición subjetiva- pero acierta a interpretarlo con trazo directo en estas historias futboleras alimentadas en el drama, crecidas en la superación de la derrota, en las
que el humor, una de las formas más inteligentes de hacer literatura, gana por goleada.
Antonio Hernández fue uno de los grandes nombres de la poesía española contemporánea, un autor cuya trayectoria abarcó más de cinco décadas de creación constante, rigurosa y profundamente humana. A través de la poesía, la novela y el ensayo, trazó un itinerario literario de excepcional coherencia y profundidad. Su obra, marcada por una voz lírica inconfundible, ha sido traducida al árabe, catalán, portugués, francés e italiano. Su poesía, heredera de la tradición andaluza y abierta a influencias universales, es al mismo tiempo canto y conciencia. Publicó diecisiete poemarios, entre los que destacan El mundo entero —Premio Rafael Alberti, 2000—, Viento variable, Sagrada forma —Premio Nacional de la Crítica, 1994, y Premio Gil de Biedma, 1994— y Nueva York después de muerto —Premio Nacional de Poesía, 2014, y Premio Nacional de la Crítica, 2013—. También fue condecorado con el Premio de las Letras Andaluzas (2012), la Medalla de Oro de Andalucía (2014), Premio Miguel Hernández (1982), Gran Premio del Centenario del Círculo de Bellas Artes (1980)... Su novela Sangrefría obtuvo el Premio Andalucía de Novela en 1994. En 1996, con Raigosa ha muerto. ¡Viva el Rey!, recibió el Premio Valencia de Literatura Alfons el Magnànim, otorgado por la Diputación de Valencia. En 2016 obtuvo el Premio Internacional de Novela Ciudad de Torremolinos con El tesoro de Juan Morales (Carpe Noctem). En 2020, el Ayuntamiento de Ávila le concedió el Premio Nacional de las Letras Teresa de Ávila, y en 2023 la Federación de Ateneos de Andalucía lo nombró Ateneísta de Honor. No menos destacada fue su labor como ensayista y pensador. Con una voz clara, apasionada y a menudo incómoda para los poderes establecidos, defendió siempre la dignidad de la poesía y el papel esencial de la cultura como herramienta de resistencia y transformación. Su discurso se mantuvo fiel a una ética del lenguaje y del pensamiento que impregnó cada uno de sus libros. Antonio Hernández falleció en Madrid el 7 de septiembre de 2024, dejando una obra esencial y una huella imborrable en su generación.