Considerado el padre del realismo ruso y a la vez el precursor más genial del absurdo moderno, Nikolái Gógol (1809-1852) dinamitó las convenciones literarias del siglo xix. Su obra es el puente fundamental por el que transitaron después autores como Dostoievski, Bulgákov o el propio Kafka. Esta edición que reúne la totalidad de su narrativa breve abarca desde el folclore colorista y demoníaco de sus primeros ciclos ucranianos (Veladas en el caserío cerca de Dikanka y Mírgorod), hasta las alucinadas estampas urbanas de sus relatos petersburgueses. El lector encontrará aquí obras maestras universales como «Tarás Bulba», «La Avenida Nevski», «La nariz» o «Diario de un loco», junto a piezas imprescindibles como «El retrato» o «El Vii» donde el terror y la sátira se dan la mano, así como una sección dedicada a todos aquellos textos dispersos o inconclusos, voluntaria o involuntariamente, a su muerte. La escritura de Gógol, capaz de transitar en un mismo párrafo de la risa incontenible al horror existencial, disecciona la burocracia, la corrupción moral y la pequeñez humana con una agudeza visual sin precedentes. Gógol es el inventor de un realismo grotesco donde lo sobrenatural irrumpe con naturalidad en la grisura cotidiana, y este es un volumen esencial para comprender el origen de la literatura moderna.
Nikolái Vasílievich Gógol (Sorochintsy, Ucrania, 1809-Moscú 1852) nació en el seno de una familia de pequeños terratenientes. Cuando aún estaba en el instituto escribió su primera obra, el poema Hans Küchelgarten (1828). Las malas críticas recibidas lo impulsaron a abandonar la literatura, pero pocos años más tarde, en 1831, publicó la primera parte de Las veladas en Dikanka, que resultó ser un gran éxito. Ese mi smo año entró en contacto con los círculos literarios de San Petersburgo. En 1832 apareció la segunda parte de Las veladas y en 1835 las recopilaciones Mirgorod y Arabescos (en la que se incluían los cuentos «La perspectiva Nevski», «El diario de un loco» y «El retrato»). En 1836, desilusionado por las polémicas que provocó su comedia El inspector, dejó Rusia. De 1838 a 1842 residió en Roma. En su casa de la Via Sistina escribió «El abrigo», Roma y el primer volumen de Las almas muertas, que fue aclamado por la crítica y el público. Pero su salud física y mental, ya muy deteriorada, se derrumbó al no poder acabar el segundo volumen, cuyo manuscrito quemó poco antes de morir.