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Cara y cruz, por Amelia Somovilla

Amelia Somovilla, alumna del Taller de Escritura La libre (espaciolalibre.es

No quiero dormir. Cuando lo hago me asaltan seres fantasmagóricos. Tiemblo sin control. El cuerpo bañado en sudor y horrendas imágenes que me atormentan. “¡Basta! Por favor…” 

Veo pasar las horas esperando la luz del alba. Cuando el cielo se torna azul mi corazón deja de galopar y recupera el ritmo habitual. Abandono el lecho para ahuyentar el terror. Con la bata puesta, abro la ventana y voy al baño. Frente al espejo, las ojeras devastan mi rostro. Los ojos aún temerosos. La figura menguada. Esa no puedo ser yo. Bebo un café tras otro para mantenerme despierta.  

El tiempo se acelera y llega la noche. Hoy tampoco he salido. Sigo en camisón. No puedo comer, me consumo.  

-No debes luchar contra ti misma.  

-¿Quién ha dicho eso?  

-Déjate llevar.  

-¡No! ¿Quién eres? ¿Qué quieres?  

Esto es una locura. Voy al baño. Necesito agua. Si, eso es. Necesito refrescarme. Me miro de nuevo en el espejo y no me reconozco.  

-Soy tú- contesta mi reflejo-  

-No- replico yo.  

-Claro que sí. Has intentado enterrarme, pero eres débil– dice sonriendo. 

-No puede ser…- murmuro.  

-Anda, déjame salir y todo acabará. Al fin nos fundiremos.  

-¿Y qué pasará entonces? ¿Cosas terribles?- pregunto con voz entrecortada. 

-Ya han pasado cosas terribles, pero las has negado tanto que ya no las recuerdas- continúa. 

-¿Qué quieres decir?  

-Mira a tu alrededor y dime qué ves. 

-¿A que te refieres?  

-Observa con atención- insiste.  

Me esfuerzo. Ahora todo está cubierto de sangre. Mis manos, mi ropa… Grito. Recorro la casa desesperada. En el salón hallo tres cuerpos sin vida. Mi marido y sus hijos.  

-¡No! -caigo de rodillas y me cubro el rostro con las manos.  

-Solo hiciste justicia. 

-No. Tu les has matado. 

-Eres muy divertida.- se ríe.  

Contemplo mis manos manchadas de sangre. Las imágenes se deslizan sobre el fondo rojo: vejaciones, palizas, violaciones… Mi marido y mis hijastros están muertos.  

-Fui yo… -balbuceo. 

-¿Ves? Te libraste de ellos, pero también de mí. No podía permitirlo. He vuelto para completarte.  

Me siento perdida, agotada. No puedo luchar más.  

-¿Qué va a pasar ahora?- pregunto.  

-Empezaremos de nuevo. Lejos de aquí- afirma.  

Me aterroriza. No la quiero dentro de mí, pero extiendo una mano temblorosa y siento su tacto helado.