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Soldados de Salamina se inicia con una serie de confesiones del narrador: el abandono de su esposa, la muerte de su padre, las dificultades en su trabajo. Instalado en su rutina de fracasos, el protagonista se entera de un hecho excepcional. Lee que al final de la guerra, cerca de Barcelona, un soldado republicano evitó capturar y matar a un prisionero después de encontrarlo bajo la lluvia. La noticia le llega desde un mundo desconocido: el mundo de los héroes. En su respuesta a este llamado, el narrador (con la ayuda de Conchi, un contrapunto humorístico y vital indispensable), se propone buscar a este héroe. Su propósito aparente es descubrir algo que nunca sabremos, por qué salvó de morir a un enemigo. Su intención real es adentrarse en el mundo de las gestas de la compasión.
La historia, contada con la eficacia de la crónica y la hondura de la novela confesional, llega a su fin con el excepcional retrato de Toni Miralles. Miralles no es un modelo de moralidad sino una composición contradictoria de impulsos vitales. Es un viejo solitario que habla de sus compañeros muertos, pellizca a la monja que lo cuida, llora, y pide ser abrazado. Es un personaje sagrado y a la vez terriblemente humano, la aparición del tesoro al final del viaje. Miralles expresa el único tipo de héroe que le queda al mundo, el héroe anónimo. A pocos personajes de ficción me hubiera gustado conocer tanto como a él.
Alonso Cueto
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Ésta es la historia de una amistad, una amistad que empieza en 1987 cuando el narrador, un joven aspirante a novelista, viaja a una universidad del Medio Oeste estadounidense y conoce a Rodney Falk, su compañero de despacho, un ex combatiente de Vietnam huraño e inabordable, ferozmente lúcido y corroído en secreto por su pasado. Pero ésta es también la historia de una experiencia radical en el abismo indescifrable del mal y la culpa, que el propio narrador sólo logrará entender y asumir años más tarde, como en una fulguración, cuando conozca el éxito y lo que éste tiene dé corrupción insidiosa. Para entonces la figura imprecisa de Rodney y su historia devastadora acabarán imponiéndosele con la fuerza de lo necesario, como un emblema de su propia historia, y acaso de la condición humana. Con una escritura de engañosa transparencia y una trama que no da tregua al lector, La velocidad de la luz indaga. en nuestra ilimitada capacidad de hacer daño, en la infinita estupidez de la guerra y en la infinita estupidez del éxito, pero sobre todo en el poder definitivo de la literatura para enfrentarse a la realidad y exorcizar sus demonios.
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