OLVÍDATE DE LA LOTERÍA Y DEJA QUE TE TOQUE YO

OLVÍDATE DE LA LOTERÍA Y DEJA QUE TE TOQUE YO

Editorial:
EDITORIAL PLANETA, S.A.
Año de edición:
Materia BIC
Narrativa romántica adulta y contemporánea
ISBN:
978-84-08-19029-5
Páginas:
368
Encuadernación:
Rústica
Disponibilidad:
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Cuando Daniela vuelve a casa tras su primera visita a la clínica de inseminación artificial y encuentra a su marido en la cama con la cajera del supermercado, su mundo se derrumba y decide poner punto y final a su matrimonio.

Gabriel, su amigo gay, la acoge en su piso e intenta animarla. Sin embargo, al ver que no levanta cabeza, le regala un viaje a Estados Unidos, donde conocerá a Julián, con quien compartirá una noche de locura, sexo y desenfreno.

De regreso a España, Daniela se lanza al mundo empresarial con un negocio de foodtruck. Gracias a él, volverá a encontrarse por pura casualidad con Julián, cuya vida ha dado un gran cambio debido a una promesa que le hizo a su mujer fallecida. Daniela tendrá que lidiar con ello, así como con las locuras de sus amigas Drags, los problemas económicos, la malicia de la amante de su ex y los equívocos que harán que Julián rompa con ella para siempre.

¿Será capaz de dejar a un lado su orgullo, sus miedos y su desconfianza para recuperar la positividad que ha desaparecido de su vida? ¿Conseguirá Julián convencerla de que, para él, el mejor premio de lotería es ella?

PATTY MCMAHOU
Yo nací y no había nadie en casa. En ese momento mi madre estaba comprando y cuando regresó ¡me echó tal bronca?! Bueno, no fue realmente como el maestro Gila lo contaba, pero pasó algo parecido. Esta pobre que os escribe vino al mundo en un momento en el que su madre casi no la esperaba, ella tan tranquila y, ¡hala!, aparecí yo hace bastantes más años de los que me gusta recordar.
Desgraciadamente, dicen que la edad es un grado, pero a mí los únicos grados que me gustan son los del verano y la cervecita helada que te sirven en el chiringuito. En ese orden.
Nací y crecí. Me casé y procreé. También por ese orden.
Y de mayorcita, antes de casarme y procrear, los dedos ya le daban a las teclas de manera incontrolada. Algo así como la escritura automática pero sin poseerme ningún espíritu. Por lo tanto, lo de poner orden y sentido a las letras, las palabras y las frases, y conseguir que se entiendan, es algo que llevo haciendo mucho tiempo (aunque me daba vergüenza admitirlo).
No hablaré de qué hago, dónde vivo u otras cosas, no vaya a ser que no os guste y deseéis venir a devolverme el libro o algo peor. Pero si buscáis mi nombre en el listín telefónico, aparezco por la M de McMahou.
Por lo tanto, aquí me hallo, me encuentro y creo que soy. Espero no perderme. Y que dure.