Máximo Sandín es lo que muchos no-darwinistas andábamos buscando hace tiempo y no acabábamos de encontrar. Hay aún mucho miedo entre los biólogos a oponerse a la ortodoxia, por lo que la tarea cae muchas veces del lado de los filósofos. Este libro termina por fin con ese silencio y, se esté de acuerdo o no con él, al menos acaba con el cerrojo mental que impide desde las instituciones académicas pensar de otro modo.