“La salvación de lo bello”, de Byung-Chul Han

byung chul

 

Las redes sociales han reducido el sentido crítico del usuario a la simplicidad del sistema binario: ceros y unos. Algo te gusta o no te gusta, es bonito o no es bonito. Los detalles, los grises, los puntos intermedios menguan en beneficio de una orgía de estadísticas. Lo importante no es lo que digas o expreses, lo importante es que sea cuantificable, que sea “expresable” en números: mil doscientos me gusta, trescientos tres veces compartidos, quinientos doce comentarios.
La belleza no ha salido inmune de tal fábrica inconsciente de productos, convirtiéndose en un mero paisaje de anuncio, un primer plano de un chica bonita, una playa de agua turquesa y palmera combada. El sentido clásico de la belleza, por lo tanto, se ha perdido para convertirse apenas en un mero refugio de nostálgicos: hablamos de la terrible belleza de los griegos, del renacimiento, del romanticismo… aquellos que la relacionaban tanto con la divinidad como con el signo del diablo.

“Una noche, senté a la belleza entre mis piernas. Y la encontré amarga. Y la injurié.” Arthur Rimbaud.

Una tormenta, símbolo eterno de terrible belleza, capaz de sobrecogernos y embelesarnos por igual… a través de esta experiencia multisensorial somos capaces de trascender,  separarnos de nuestro yo, para entender que formamos parte de algo mucho más grande, mucho más importante que nuestros caprichosos estados de ánimo.
De igual modo, una pintura de Francis Bacon o una obra de György Ligeti es capaz de arrancarnos de nuestra propia realidad coercitiva para arrastrarnos a un nuevo nivel, una nueva percepción de la vida y de la muerte.

la salvacion de lo bello
Byung-Chul Han disecciona en este libro el uso y la concepción de la belleza en la historia de la humanidad, haciendo especial hincapié en el siglo XXI, tomado por las nuevas tecnologías, las cuales han configurado de manera distinta todas las concepciones del arte: música, pintura, literatura… Todo está a nuestro alcance, luego ya toda comprensión es imposible, todo está más perdido que nunca.

Si bien otros libros, como el  recomendable “De lo bello y lo siniestro” de Eugenio Trías, habían sido capaces de desenredar la importancia de lo bello en nuestras vidas, el libro del alemán de origen coreano lo actualiza en frases de una contundencia poco común, en muchos casos aforismos brutales que nos devuelven el hálito de un Cioran en plena forma:

“En el primer plano del rostro se difumina por completo el trasfondo. Conduce a una pérdida del mundo. La estética del primer plano refleja una sociedad que se ha convertido ella misma en una sociedad del primer plano. El rostro da la impresión de haber quedado atrapado en sí mismo, volviéndose autorreferencial. Ya no es un rostro que contenga mundo, es decir, ya no es expresivo. El selfie es, exactamente, este rostro vacío e inexpresivo. La adicción al selfie remite al vacío interior del yo. 

Hoy, el yo es muy pobre en cuanto a formas de expresión estables con las que pudiera identificarse y que le otorgaran una identidad firme. Hoy nada tiene consistencia. Esta inconsistencia repercute también en el yo, desestabilizándolo y volviéndolo inseguro. Precisamente esta inseguridad, este miedo por sí mismo, conduce a la adicción al selfie, a una marcha en vacío del yo, que nunca encuentra sosiego. En vista del vacío interior, el sujeto del selfie trata en vano de producirse a sí mismo. El selfie es el sí mismo en formas vacías. Estas reproducen el vacío. Lo que genera la adicción al selfie no es un autoenamoramiento o una vanidad narcisistas, sino un vacío interior.”

 

Emilio Lanzas