LA ESCUELA DEL ABURRIMIENTO, de Luigi Amara

Vivimos una época marcada por la saturación de estímulos, el histerismo multitarea, la abulia informativa y la búsqueda constante de novedades. Una secuencia incesante de canciones, noticias, películas, videojuegos, recetas, estrategias, dietas, cursos, campeonatos y verbenas con las que cubrir de pegatinas la abultada maleta de nuestra experiencia. Nos da miedo quedarnos parados, renegamos del  silencio y la soledad como si fueran enfermedades  y, cuando nos dicen que es precisamente su ausencia la causante de males, necesitamos de gurús que nos guíen a través de esos desolados páramos y nos ayuden a encontrar una “utilidad” al reposo y al alejamiento: hay que amortizar tamaña inversión de tiempo, vestirlo de galas exóticas y lejanas, comprar incienso, budas, pociones, ungüentos. El aburrimiento, entendido como tal, sin apellidos ni marca registrada, no tiene sitio ni lugar en ningún método ni en ningún diagnóstico de especialista. Hay que huir de él, porque ya está en todos lados. Hay que maquillar ese rostro o mirar en otra dirección.

Ahora, una pausa. Bostecemos.

“La escuela del aburrimiento” no te aburrirá, al contrario, supone una interesante incursión en el vacío más o menos ilustrado de la mano de insignes escritores como Pascal, Montaigne o Baudelaire. Sí, los franceses sabían mucho de esto. Quizás porque el aburrimiento fue un producto de las costumbres de la burguesía más adocenada (ahora que la mentalidad burguesa lo ha invadido tanto, el aburrimiento ha conseguido democratizarse: todos estamos aburridos, no importa clase o latitud), particularmente a finales de siglo XIX, cuando el Spleen, el ennui, la nada, se consideró un veneno de las almas sensibles, y cualquier poeta que se dignase a ser tratado como tal necesitaba sumergirse en el tedio para destilar sus mejores versos.

Otra pausa. Bostecemos de nuevo.

Luigi Amara no solo se queda en los franceses, sino que irrumpe en la escena punk de finales de los 70, encontrado en el aburrimiento un posible elemento dinamizador de la escena transgresora del “no future”. “I am bored, I am the president of the bored”, cantaba Iggy Pop en el año 79 en su album “New values” (“Nuevos valores”)

·En la segunda parte del libro Luigi decide armarse de valor y sumergirse en el deporte más extremo: encerrarse en su cuarto, a falta de una torre como la del acaudalado Montaigne. En sus páginas relata sus aventuras con moscas, musarañas y grietas en la pared, con la ayuda, siempre, de amigos imaginarios como Pessoa, Perec o Dostoievski. Culmina su aventura con una terapia de shock: un viaje a Las Vegas, capital mundial del capital, la carne, el neón y el espectá-culo, sede de “lo Falso Absoluto”, un lugar en el que “no hay perros callejeros y en los casinos no hay relojes ni ventanas”, una isla de Vistoso Aburrimiento en mitad del desierto.

En la tercera parte, llamada “Horas Muertas”, se dedica a profundizar un poco más en la extensa bibliografía de la que ha hecho acopio para el estudio: en ella no faltarán la mención mediante numerosas citas a Adorno, Cioran, Gombrowicz, Debord o la Internacional Situacionista, además de incluir referencias musicales: las “Vejaciones” de Satie o la famosa pieza de John Cage “4:33”.

http://www.youtube.com/watch?v=zY7UK-6aaNA

Concluye con el manifiesto de la Internacional Bostezante, un decálogo en el que se nos sugiere que “a la larga el bostezo resulta más verosímil (por impacable y lúcido) que la alharaca de satisfacción o el gemido del inconforme”, y yo termino con una cita de Pascal Quignard:

“El taedium de los romanos se prolongó hasta el siglo I. La acedia de los cristianos apareció en el siglo III. Reapareció bajo la forma de melancolía en el siglo XV. Regresó en el siglo XIX con el nombre de Spleen. Y regresó en el siglo XX con el nombre de depresión. No son más que palabras. Un secreto más doloroso habita en ellas. Del orden de lo inefable”.

Emilio Lanzas

La escuela del aburrimiento, Luigi Amara, Sexto Piso, 2012