“Satin Island”, de Tom McCarthy

    Retratar una época como ésta, la nuestra, tan caleidoscópica y contradictoria, tan fugaz y aglutinante, se presenta una tarea solo apta para locos y dementes. Bien, Tom McCarthy es la persona adecuada para ello. No pretendo decir que “retratar una época” fuera la intención del autor, tan solo que, como lector, mi experiencia ha sido esa: la de tener, en unas pocos cientos de páginas, el fruto de miles de años de civilización condensados en un presente, en un ahora, arbitrario, móvil, que cambia las reglas, los orígenes, las pautas, a cada instante. Un presente que se reinventa a sí mismo ad aeternum.
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  “Satin Island” está construida inteligentemente alrededor de la figura de U (U=you=tú), un antropólogo corporativo, es decir, un antropólogo contratado por una gran empresa para unos fines muy determinados. No es algo propio de la ciencia ficción: el 50% de los antropólogos que se graduan terminan trabajando para multinacionales. ¿Qué hacen allí? Interpretan la realidad que les rodea, estudian los hábitos y costumbres de las personas, sus miedos y esperanzas… algo esencial para estudiar, asimismo, los hábitos de consumo de los clientes, las tendencias de los mercados… etc. Las personas son usuarios, sus emociones y reacciones hacen ganar o perder dinero, luego hay que entender desde sus procesos más íntimos hasta los comportamientos más gregarios o tribales.
     Pero una cosa es analizar la vida de una tribu ancestral superviviente en el Amazonas y otra entender qué pasa por la cabeza de un comprador compulsivo en Amazon. El antropólogo sufre de una especie de jet lag crónico: siempre entiende lo que sucede cuando ya ha sucedido, nunca cuando está sucediendo. U, el protagonista, plantea la idea de una Antropología en Presente, como una forma de solventar El Gran Informe, el trabajo que se le ha asignado por la Megacorporación que le ha contratado: un documento etnográfico integral que resuma nuestra época. Parece una tarea imposible, y poco a poco, adentrándonos en sus páginas, iremos entendiendo por qué: el volumen de información a procesar es tal que no hay forma de codificarlo, ni expresar resultados satisfactorios. La información puede escribirse o leerse: McCarthy plantea la idea de que hemos dejado de ser escritores o lectores de nuestra propia realidad, tan solo meros náufragos a la deriva en un inmenso mar de datos, justo como un vertido de petróleo en el océano, devastador e incontrolable.
   Las referencias a Kafka son ineludibles, y esto no es gratuito, más bien indicador de que nos encontramos ante una obra que zarandea los pilares de nuestra realidad, y nos hace vislumbrar, apenas por un instante, cuál es nuestro lugar en el mundo.
    Y esta es una tarea que solo puede conseguir la literatura con mayúsculas.
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    Mención especial merece la labor de la editorial malagueña Pálido Fuego, que no solo nos ha recuperado a unos de los mejores escritores contemporáneos, el inglés Tom McCarthy (el que ya me deslumbrara con su primera novela publicada en Lengua de Trapo, “Residuos”, y del que no se volvió a publicar nada en español… ni “C” ni “Men in space”… atención, hablamos del finalista del Man Booker Prize 2015) sino que se enfrentó a la titánica labor de publicar La casa de hojas” de Mark Z. Danielewski (en colaboración con Alpha Decay, que va ya por la 7ª edición), la recomendabilísima primera novela de David Foster Wallace (“La escoba del sistema”), o a auténticos pesos pesados de la literatura norteamericana como William T. Vollmann (“Historias del arcoiris”), o Robert Coover (“La hoguera pública”, “Pinocho en Venecia”), entre otros.
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     Esperamos que el empuje de Pálido Fuego no cese y sigan llenando las mesas de novedades de precisamente aquellas ausencias que la devastadora programación de ciertas editoriales nos ofrecen.
PD1: Pálido fuego publicará “Men in space” en 2017, y, si el mundo no se acaba antes, “C” lo hará en 2018.
            Emilio Lanzas

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“Sobre Shunkin” de Tanizaki Junichiro

No puede uno dejar de sentir cierta dosis de pudor al escribir sobre un libro como éste. Intentar describirlo con las propias palabras es como empeñarse en mostrar la belleza de una seda de finos estampados, con unas manos torpes y sucias que van manchando y arruinando el material a medida que lo despliegan.
Decía el premio Nobel Kawabata Yasunari:
 
Sobre Shunkin es una obra maestra imposible de describir con palabras y ante la cual solo podemos dejar escapar suspiros de admiración.”
Con la intención de animar a la necesaria lectura de este magnífico libro, en especial a quienes sienten alguna atracción o interés por la cultura japonesa, únicamente me atrevo a compartir algunas de las reflexiones que lectura me ha suscitado.
Uno de los más populares y reconocidos emblemas de la belleza en Japón es su flor predilecta: la Sakura, la flor del cerezo. La espléndida floración de esta frágil flor se percibe como una metáfora de la vida misma: maravillosa y efímera. Quizás, las constantes inclemencias de la naturaleza en aquellas islas, asoladas tan a menudo por tifones, terremotos y tsunamis, hayan acentuado esa percepción de la propia fragilidad que ha quedado impresa en su visión del mundo y la Naturaleza en su forma dual: terrible y maravillosa.
Es así que, tanto en las manifestaciones artísticas como en las cotidianas búsquedas del placer estético, se procura la expresión de esta compleja belleza en la que la sombra es constitutiva de la luz, el dolor del goce, como la mortalidad lo es de la vida. Como dice el propio Tanizaki, el artista “(…) por mucho que su talento fuera natural, no habiendo conocido la dureza y la amargura de la vida, sería difícil que consiguiera comprender la esencia del arte.” Nos equivocaríamos, sin embargo, si creyéramos que hay escisión en esta concepción del arte. Al contrario, el arte japonés persigue la armonía en el claroscuro integrador, legado del budismo. En Sobre Shunkin resulta sobrecogedora la exquisita sutileza del texto que fluye como “el murmullo de un torrente montañoso” en contraste con el tremendo dramatismo de su fuerza argumental.
Detalle del monumento a Shunkin en el distrito Doshomachi de Osaka.
Leer Sobre Shunkin es como contemplar un karesansui con sus pequeños campos de grava blanca en los que se colocan cuidadosamente rocas oscuras: el ideal estético Yohaku no bi, la belleza está en el espacio vacío. Porque en Sobre Shunkin es tan importante lo que se dice como lo que se calla, y son los silencios los que intensifican esa tensión dramática que no deja de crecer hasta el desenlace.
 Decía Aristóteles en la Ética a Nicómaco que “La forma del placer es perfecta en todo momento” y añadía que el placer, a diferencia del movimiento, no se despliega en un espacio de tiempo, es más bien “algo entero y completo en cada instante”. El tiempo de la lectura de Sobre Shunkin, siguiendo en términos de la Grecia clásica, no tiene lugar en el kronos, sino en el kairós: no es una sucesión sino una oportunidad. El tiempo parece haberse detenido y uno consigue experimentar ese placer sublimado por la calamidad, un disfrute necesariamente efímero que deseamos vivir intensamente hasta el más mínimo detalle. Porque conocemos que inevitablemente el fin se acerca, a medida que pasamos las páginas de Sobre Shunkin.
 

Federico Lang

 
 
Sobre Shunkin de Tanizaki Junichiro
Ed. Satori

Ficha del libro

 

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“Roma”, de Ugo Cornia

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En Roma no encontraremos estampas bucólicas del barrio del Trastevere. Dicho esto, aclarar que tampoco veremos, ni por asomo, la sombra de un fiero gladiador, ni el gesto amenazante de un mafioso vestido de Armani, ni mucho menos un piloto de Ferrari rodeado de guapas modelos.

Roma trata de Cornia, un post-adolescente que, a finales de los años 90,  cambia su Módena natal (hablamos de provincias) por la caótica capital de Italia, en busca del primer atisbo de trabajo serio y continuado (a los 33 años…).

Pero los recorridos que Ugo nos propone no son tanto turísticos-ambientales como interiores… más bien epidérmicos.  Ya en Roma Cornia  acepta a regañadientes el pacto que le ofrece la llamada “vida adulta”,  pero sigue optando por perder el tiempo todo lo posible callejeando sin rumbo, fumando sin parar, buscando atardeceres y sonrisas anónimas de chicas guapas en el autobús. De este modo nos revela sus desvelos y alegrías con una inocencia y vitalidad que desarma en algunos momentos… y puede llegar a irritar ligeramente en otros.

Un ejemplo:

 “(…) y le decía asimismo que, pese a ser una cosa de nada, beber un café en la oscuridad, de noche, en las estaciones de autoservicio de Aglio o de Roncobilaccio, empezando por las posturas que te da por poner, para mí siempre ha sido algo bonito de verdad, porque primero pago mi ticket, pero luego, mientras me apoyo en el mostrador del autoservicio siento como si asumiera una postura admirable, con el codo apoyado en el mostrador mientras remuevo la taza de café, que debe de ser una postura física que a lo mejor he admirado sin saberlo siquiera durante la formación de mi carácter, pero mientras asumo la postura de bebedor de café del autoservicio, justo en ese mismo instante, asumo también toda una dimensión de placer, vaga pero típica, en la que me miro desde fuera y me siento complacido conmigo mismo, una cosa que si luego alguien te preguntase por qué razón te sucede de esa manera, está claro que no hay quien sepa por qué razón te sucede así, pero también está claro que son cosas que le suceden a todo el mundo, dado que siempre y por todas partes hay todo un fluir de posturas a tu alrededor, posturas que se han visto durante veinte o treinta años un poco por aquí y otro poco por allá, y de las que uno pesca sus materiales para moldearse a su modo. Yo debo haber hecho mías, como apasionantes, todas las posturas del que anda siempre por ahí, que hacen que me sienta bien.”

(página 12)

La narración adopta en todo momento este tono confesional, divertido y reflexivo al mismo tiempo. Es como si escucharas a ese viejo amigo al que le gusta tanto hablar, y hace mucho que no os veis, y tenéis por delante unas cuantas horas en las que no tenéis nada que hacer, solamente hablar y beber, hablar y pasear, hablar y hablar. Pero él o ella es el único que habla, y tú escuchas, a veces al borde del colapso, otras veces iluminado por una imprevista ocurrencia.

“Un día, mi padre al entrar en casa me dijo que había visto un escúter tal y tal, ectcétera, etcétera, y que si me gustaba la idea, mi madre vetó de inmediato y de manera absoluta que se gastase el dinero de la familia en comprar un escúter con el cual lo más probable es que acabara matándome, y mi padre, además de decirle que prohibiéndome el escúter a los quince años, o sea, en una época en que el escúter es absolutamente fundamental, me convertía en un ser asocial y aislado de mis coetáneos, añadió que con toda seguridad era más fácil que me matase mientras me llevaba un amigo en el suyo. Además, me prestó el dinero para comprar el escúter, con la condición de que me pusiera a trabajar y se lo devolviera. Y así fue como aquel verano fui a trabajar en escúter,  y luego en la pausa del almuerzo, siempre en el escúter, me iba a comer un bocadillo al Castello di Montegibbio. Y gracias a todo aquello se palpaba en el aire una gran sensación de libertad.”

(página 107)

Porque Ugo Cornia te va a hablar de su primer trabajo a los quince años, y de su estancia en Roma a los 33, y de altos pinos, y cigarros, y chicas, y trabajos, y habitaciones, e interminables paseos en bicicleta… cosas sencillas, sin grandes dramatismos ni histerias, apenas ingenuos esbozos que terminan conformando, casi sin querer,  un auténtico elogio al arte de vivir.

Y esto es lo que hay que destacar de Ugo Cornia: su capacidad de transmitir vitalidad con un relato veraz y honesto.

Recomendable si te gusta: “El guardián entre el centeno”, de J. D. Salinger.

No recomendable si: esperas una compleja trama, espadas, conspiraciones judeo-masónicas, amores imposibles… etc.

Emilio Lanzas

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Lecturas que te helarán la sangre

Ni un abanico, ni un refresco, ni el aire acondicionado, ni un primo en Asturias: no hay nada mejor para combatir las altas temperaturas que la literatura.

Todos sabemos que los libros nos transportan, nos llevan a lugares remotos, nos sumergen en mundos inhóspitos, a menudo muy distintos de la realidad que nos rodea. Si esa lectura además os eriza la piel, os congela la sonrisa, u os hace tiritar, mucho mejor. Sí, no vais mal encaminados… en esta ocasión vamos a recomendar algunos libros muy frescos, recién salidos de imprenta, y otros no tan nuevos, pero igualmente escalofriantes,  que estamos seguros que os helarán la sangre.

Comenzamos con “El unicornio”, de Iris Murdoch, editado por la siempre recomendabilísima editorial Impedimenta. En sus páginas encontramos todos los elementos característicos de la novela gótica: un castillo (en la fría Escocia) con cementerio familiar propio, al borde de un pronunciado acantilado, un mar furioso, una familia fascinante que esconde terribles secretos, así como la presencia, siempre volátil, de lo sobrenatural, rozando a todos los personajes. Se trata de una lectura llena de hermosos aunque desolados páramos que nos sumergirá de lleno en las mismas sombras que frecuentaron autores como Edgar Allan Poe, Mary Shelley, William Hope Hodgson o Ambrose Bierce.

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Cambiamos de latitud y hablamos de una nueva autora que está actualmente preparando su segundo libro que será, precisamente, también de carácter gótico: hablamos de  Paula Hawkins“La chica del tren”. Es, sin duda, la gran sorpresa literaria de este año: el primer libro de una autora desconocida se encarama a las primeros puestos de las listas de ventas una semana sí y otra también. ¿El motivo? Una narración de suspense al más viejo estilo Agatha Christie, una ambientación propia de una película de Hitchcock y, para qué negarlo, una campaña masiva de marketing. ¿Estamos ante un nuevo bluff o es un libro recomendable para leer este verano? Pues, sin tener muchas expectativas, ha resultado ser una lectura ideal para el verano: el libro es adictivo, se lee de un tirón, y probablemente hasta termines viendo la película cuando se estrene.

En definitiva: léela antes de que te la cuenten.

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De la siguiente novela también se está preparando adaptación cinematográfica. De hecho cuenta la leyenda que antes incluso de publicarse ya se estaba buscando productor para “Ready Player One”.  Al final será será el mismísimo Steven Spielberg el que la dirija, y no le resultará demasiado difícil por lo menos la adaptación, ya que la novela en sí es casi un guión de cine, entendiendo esto no como algo peyorativo, sino al contrario: la acción te atrapa desde la primera página y no pierde el ritmo en ningún momento.

Pero antes de nada, la portada, que nos da la clave para hablar de este libro.

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Sí, en efecto, los videojuegos tienen un papel importante en la narración. De hecho, el videojuego es el libro. Porque estamos ante un libro de ciencia-ficción pero, a la vez, la sensación de familiaridad no nos abandona durante su lectura. Imágenes de películas ochentosas como “Los Goonies” o “Regreso al futuro” acuden a nuestra mente hasta que la propia película aparece en la narración. Después vemos la foto del autor, Ernest Cline, en la solapa, encima de su coche, un Delorean, y todo encaja.

Si no sabes lo que es un Delorean, quizás esta novela no sea para ti. Si sabes de lo que hablo, y además sabes lo que es un Arcade, disfrutarás como un niño con “Ready Player One”.

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Perros

El mundo emocional que genera la relación de una persona y su perro no difiere tanto de todos nuestros otros mundos emocionales: está hecho de contacto, rutina, confianza, aburrimiento, ternura, manías… Y de pelo, babas, olores y destrozos varios. El material de la vida, digamos.

Hay mucho compartido. Vivir con un animal no es solo tener un testigo de tu vida, es también ver a través de él tu vida y la suya, el mundo.
Por eso se puede interpretar una cara con hocico y lengua fuera como la más elaborada frase y se puede mirar al animal que se tiene al lado y sentirse comprendido o menos solo.

De comprensión, fidelidad y ternura están hechas todas estas historias sobre perros que os recomendamos hoy en este post.

Disfruten de la lectura y, si lo tienen, de su compañero fiel.

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Caminar

 

El alma de una caminata es la libertad, la libertad perfecta de pensar, sentir y hacer exactamente lo que uno quiera. Caminamos principalmente para sentirnos libres de todos los impedimentos y de todos los inconvenientes; para dejarnos atrás a nosotros mismos, mucho más que para librarnos de otros. Salgo de paseo porque anhelo un poco de espacio para respirar y para meditar sobre cosas indiferentes, donde la contemplación pueda arreglarse las plumas y dejarse crecer las alas […]”  

William Hazlitt

¿Habrá acaso alguna actividad que haya influido tanto en la fisiología humana como el caminar?

Nuestro córtex cerebral cerebral se desarrolló vinculado por un lado a la necesidad de mantener el equilibrio en esta peculiar forma de caminar sobre dos miembros, que supuso ventajas comparativas en la selección natural; por el otro, al uso de las manos liberadas, la manipulación de herramientas y otras actividades creativas.

La forma de nuestro raquis, o columna vertebral, es el complejo y elegante resultado de un proceso evolutivo guiado por la necesidad tanto de flexibilidad en los movimientos como de soporte postural. Justamente, en la curvatura de la región lumbar el caminar se vincula íntimamente con otra función vital, la respiración, por medio de la conexión entre el psoas y el diafragma.

No es de extrañar que los expertos nos repitan una y otra vez, que caminar es la base de una buena salud y que nos proporciona una vida mejor.

Sin embargo, caminar ya no es necesario, en el sentido de que el ciudadano común de hoy no morirá de hambre, de sed o de frío, por no caminar más de un par de cientos de metros al día. En nuestra búsqueda, la única infatigable, por el confort, hemos construído habitáculos móviles que nos transportan, aislándonos del medio y privándonos de todos los enormes beneficios del caminar.
Con la llegada de la primavera, del buen tiempo, nos proponemos un regreso, a pie, a esta actividad tan simple como fundamental, instintiva y atávica.
Os proponemos una serie de lecturas que nos recuerdan el significado de andar, desde puntos de vista históricos, antropológicos, medioambientales y culturales.

Disfrutad del paseo.

Federico Lang.

 

 

 

 

 

 

Salvaje
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DESHIELO Y ASCENSION, de Álvaro Cortina Urdampilleta

Todo un descubrimiento. Álvaro Cortina Urdampilleta sorprende con una primera novela ambiciosa y compleja, resuelta con maestría y de género híbrido. Dividida en cuatro partes, y narrada por cuatro voces bien diferenciadas, la novela supone un recorrido por la ciencia ficción de exploración, la novela de aventuras, la biografía de artista e incluso la novela pulp. Tal mezcla de ingredientes está cocinada a fuego lento por una prosa elegante y elaborada que es la principal culpable de que el lector se sumerja de inmediato en las vidas de unos personajes aburguesados, fríos, pero llenos de aristas y secretos.

sobrecubierta deshielo y ascension

En la primera parte, HOMMSTAD, nos vemos lanzados al inhóspito paraje de la Costa del Norte, donde acompañamos al cazador Isaak-Vargas y Lowsla en una particular cacería para ricos… con especiales invitados. En la segunda, nos encontramos con un cambio de voz narrativo en la base de FURTH/ISOKO LITHIUM-3000, comandada por el Ingeniero Lenz, entregado a la educación de su hijo… A partir de ahí los destinos de Isaak Vargas y Lenz se cruzan, y la historia de desarrollará de la manera más imprevista en la segunda sección del libro, llamado DESHIELO: allí sabremos de la exmujer de Lenz, Solange, y su particular historia de amor con Anselm Des Près, un misterioso pintor religioso, y también tendremos la oportunidad de ascender a la Abadía Interestelar de Isenheim, un monasterio localizado en el espacio exterior.

 

Mención aparte merece la edición a cargo de la editorial zaragozana Jekyll & Jill, rica en detalles que invitan al deleite lector, así como su sugestiva portada, una de las mejores del pasado año 2013. También incluye una guía de audiciones recomendadas para seguir las distintas partes, en las que nos encontramos tanto al espectral Lygetti, como a los cuartetos de Schubert o el impresionante Uaxuctum de Gianto Scelsi.

Un debut deslumbrante para un género, el de la ciencia ficción nacional, que vive en los últimos tiempos una renovación necesaria, alimentada por sangre fresca y nueva como la de Álvaro Cortina Urdampilleta (Bilbao, 1983)

 

E. Lanzas

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EL FRANCOTIRADOR PACIENTE, Arturo Pérez-Reverte

El francotirador paciente
Pérez-Reverte, Arturo
Alfaguara 2013
978-84-204-1649-6

Confieso que para mí no es difícil comentar positivamente un título de Arturo Pérez-Reverte. Como también que, al conocer el tema base sobre el que gira la trama, no quedé muy entusiasmado como en sus anteriores obras.

Sin embargo… primer capítulo… y ya piensas en buscar cualquier ratito libre que tener, para poder sumergirte en el relato.

Una novela aparentemente amena con la que volver a las lecturas de intriga y disfrutar de la tensión que conlleva una buena narración del género. Acción y misterio en sus protagonistas y, hasta buenos momentos de nervios debido a la intensidad de ciertos párrafos.

Lo más sorprendente, es que es algo más que todo eso. Es una nueva concepción del arte, de la sociedad y del comportamiento radical del ser humano. Ayuda a comprender bastantes situaciones por las que estamos atravesando actualmente.

Es una muy buena elección en estos momentos, pero no debo desvelar nada más. Sería un error por mi parte. Disfrútelo.

José Díaz

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LA ESCUELA DEL ABURRIMIENTO, de Luigi Amara

Vivimos una época marcada por la saturación de estímulos, el histerismo multitarea, la abulia informativa y la búsqueda constante de novedades. Una secuencia incesante de canciones, noticias, películas, videojuegos, recetas, estrategias, dietas, cursos, campeonatos y verbenas con las que cubrir de pegatinas la abultada maleta de nuestra experiencia. Nos da miedo quedarnos parados, renegamos del  silencio y la soledad como si fueran enfermedades  y, cuando nos dicen que es precisamente su ausencia la causante de males, necesitamos de gurús que nos guíen a través de esos desolados páramos y nos ayuden a encontrar una “utilidad” al reposo y al alejamiento: hay que amortizar tamaña inversión de tiempo, vestirlo de galas exóticas y lejanas, comprar incienso, budas, pociones, ungüentos. El aburrimiento, entendido como tal, sin apellidos ni marca registrada, no tiene sitio ni lugar en ningún método ni en ningún diagnóstico de especialista. Hay que huir de él, porque ya está en todos lados. Hay que maquillar ese rostro o mirar en otra dirección.

Ahora, una pausa. Bostecemos.

“La escuela del aburrimiento” no te aburrirá, al contrario, supone una interesante incursión en el vacío más o menos ilustrado de la mano de insignes escritores como Pascal, Montaigne o Baudelaire. Sí, los franceses sabían mucho de esto. Quizás porque el aburrimiento fue un producto de las costumbres de la burguesía más adocenada (ahora que la mentalidad burguesa lo ha invadido tanto, el aburrimiento ha conseguido democratizarse: todos estamos aburridos, no importa clase o latitud), particularmente a finales de siglo XIX, cuando el Spleen, el ennui, la nada, se consideró un veneno de las almas sensibles, y cualquier poeta que se dignase a ser tratado como tal necesitaba sumergirse en el tedio para destilar sus mejores versos.

Otra pausa. Bostecemos de nuevo.

Luigi Amara no solo se queda en los franceses, sino que irrumpe en la escena punk de finales de los 70, encontrado en el aburrimiento un posible elemento dinamizador de la escena transgresora del “no future”. “I am bored, I am the president of the bored”, cantaba Iggy Pop en el año 79 en su album “New values” (“Nuevos valores”)

·En la segunda parte del libro Luigi decide armarse de valor y sumergirse en el deporte más extremo: encerrarse en su cuarto, a falta de una torre como la del acaudalado Montaigne. En sus páginas relata sus aventuras con moscas, musarañas y grietas en la pared, con la ayuda, siempre, de amigos imaginarios como Pessoa, Perec o Dostoievski. Culmina su aventura con una terapia de shock: un viaje a Las Vegas, capital mundial del capital, la carne, el neón y el espectá-culo, sede de “lo Falso Absoluto”, un lugar en el que “no hay perros callejeros y en los casinos no hay relojes ni ventanas”, una isla de Vistoso Aburrimiento en mitad del desierto.

En la tercera parte, llamada “Horas Muertas”, se dedica a profundizar un poco más en la extensa bibliografía de la que ha hecho acopio para el estudio: en ella no faltarán la mención mediante numerosas citas a Adorno, Cioran, Gombrowicz, Debord o la Internacional Situacionista, además de incluir referencias musicales: las “Vejaciones” de Satie o la famosa pieza de John Cage “4:33”.

http://www.youtube.com/watch?v=zY7UK-6aaNA

Concluye con el manifiesto de la Internacional Bostezante, un decálogo en el que se nos sugiere que “a la larga el bostezo resulta más verosímil (por impacable y lúcido) que la alharaca de satisfacción o el gemido del inconforme”, y yo termino con una cita de Pascal Quignard:

“El taedium de los romanos se prolongó hasta el siglo I. La acedia de los cristianos apareció en el siglo III. Reapareció bajo la forma de melancolía en el siglo XV. Regresó en el siglo XIX con el nombre de Spleen. Y regresó en el siglo XX con el nombre de depresión. No son más que palabras. Un secreto más doloroso habita en ellas. Del orden de lo inefable”.

Emilio Lanzas

La escuela del aburrimiento, Luigi Amara, Sexto Piso, 2012

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