El ayer desvanecido

Diciembre 9, 2008

De repente caes en la cuenta de que tu mundo ya no es el actual, que ha dejado de ser el mismo mundo en el que viven muchas de las personas que te rodean.

Te paras a mirar y de pronto no encuentras ni rastro del espíritu que lo alimentaba, te das cuenta de que has vivido, no se sabe desde cuando, en una burbuja. Pensabas que los demás respiraban el mismo aire que tú, tenían los mismos criterios y valores, parecidos gustos, similares costumbres y resulta que no, que no es así.

No has querido verlo,  te lo has creído porque querías o necesitabas creerlo y encuentras que ese ayer se ha desvanecido, evaporado.

 

No es que el tema del suicidio me llame la atención especialmente, a pesar de lo que pueda parecer. Es verdad que me impresionó el de David Foster Wallace. Y el otro día me detuve en una foto que salía publicada en un semanal encima de un artículo de Rosa Montero.

 

Se trata de una fotografía de Stefan Zweig con su esposa Lotte, parecen dormidos plácidamente, él podría haber sido sorprendido roncando durante una siesta, las manos cruzadas sobre el vientre, la boca ligeramente entreabierta y la cabeza posada sobre una almohadón, orientada hacia su esposa que aparece echada sobre su costado con una mano sobre las suyas.

 

Se trata de una foto forense, la imagen del suicidio, de sus consecuencias. Dos personas, correctamente vestidas, él con la camisa abrochada y con corbata, ella con un vestido blanco, que acababan de terminar con sus vidas de manera incruenta.

 

Su mundo se había desvanecido. Era un mundo civilizado, ordenado, que, según su convicción, caminaba hacia una crueldad que lo había exterminado sin remedio, por completo. Un mundo que había engendrado en su propio seno la misma barbarie que lo destruía todo a su paso y para el que no era posible la salvación. Y si se salvaba no obtendría, ni merecería, nunca un perdón.

 

Todo lo dejaron dispuesto hasta el último detalle, los cuidados de su mascota, las cartas de despedida a los amigos en sobres franqueados.

 

Me pregunto si quizás la victoria de Obama hubiera podido evitar el suicidio de Foster Wallace o si en su mundo ya era demasiado tarde para cualquier pequeña esperanza.

 

No quiero polemizar con mi amigo Garriga Vela. Hoy ha publicado un estupendo artículo en SUR:

http://www.diariosur.es/20081128/cultura/notas-rechazo-20081128.html

 

con el que no estoy de acuerdo.

 

Yo sí creo que la figura del editor es fundamental y que, en contra de lo que él dice, el mensaje de los editores no es “… si no se escribe como el editor quiere nunca podrás publicar.” Sin editores no existirían escritores ni librerías ni quedarían lectores.

Así de rotunda es mi convicción.

 

Fuimos testigos asombrados de la nota de rechazo de la que habla Garriga Vela, asombrados y bastante indignados. Habíamos leído el manuscrito de “Muntaner, 38” y no dábamos crédito a lo que decía aquella nota. En concreto para nosotros la frase más hiriente, porque la nota de rechazo era hiriente, fue el calificar aquel impagable retrato de la Barcelona de los 50/60 de “novela costumbrista”. Quien dirigía aquella editorial, en la que Garriga Vela quería publicar pues admiraba y compraba casi todos los libros que salían con aquel sello, no quiso manifestar el rechazo con una nota breve o al uso, quiso explicar pormenorizadamente su postura. Y resultó peor.

 

Pero la conclusión de las anécdotas del rechazo de “Muntaner, 38”, o del que han sufrido obras de Bukowski, de John Kennedy Toole, o del propio Oscar Wilde en aquella admonitoria y famosa carta, es, sin más, que los editores se equivocan, se dejan influir por el estado de ánimo, tienen manías, fobias, preferencias y la infinita paciencia de leer páginas y páginas de obras de autores que se creen dotados de un talento único y que han escrito una obra que todo el mundo mundial espera leer, necesita leer. Que pasan el calvario de leer miles de textos que no les interesan, de dar segundas y terceras oportunidades a obras sin corregir, para elegir aquéllas que merecen, casi siempre y con honrosas excepciones, la pena.

 

Y si se piensa bien, es su dinero el que arriesgan y tienen derecho a equivocarse, aunque sea con notas hirientes escritas con tinta auto deleble.

 

Felizmente para todos los lectores y amantes de la buena literatura Garriga Vela publicó aquella novela a la que siguieron otras y seguirán más para nuestro disfrute.

 

 

Están en juego muchas cosas, cosas que trascienden la mera transgresión puntual del orden jurídico, que es la cuestión sometida al Tribunal que lo ha juzgado en primera instancia.

Recurra Vd., Luís García Montero. Yo, acerca de los hechos que dan lugar al procedimiento, no sé apenas nada, solamente conozco algo de lo que se ha publicado al respecto, que es bien poco y se refiere más al debate ideológico de fondo que a los hechos puntuales en sí Especialmente llamó mi atención esta sucinta crónica.

Estaba casi convencido, a partir de mi escasa información, de que Luís García  Montero sería absuelto del delito de injurias graves por escrito y con publicidad.

Pero no ha sido así. No ha bastado con aplicar lo que se conoce como “pena de banquillo” que consiste en la carga aflictiva unida al hecho de someterse a un procedimiento penal y sentarse en el banquillo.

Ha habido condena.

Con los elementos de juicio que cualquier persona ajena al procedimiento y al juicio pueda tener es difícil dilucidar si la condena es justa o injusta, si es acorde o no a derecho. Pero con la visión crítica (de crisis) de la situación de la administración de justicia en este país es fácil concluir que la Sentencia debe ser revisada, debe ser recurrida.

Porque ya no es una batalla personal y profesional entre dos académicos de ideas opuestas, no, el asunto planteado trasciende esta disputa o divergencia, por mucho nerviosismo y pasión que desate.

No.  La cuestión nuclear estriba en la determinación de los límites de la libertad de cátedra, de la libertad para expresar ciertas ideas, como el expresado “fascismo” atribuido a Lorca y a Ayala, y hasta qué punto es lícito y procedente que se pueda ejercer un adecuado contrapeso a las opiniones de otros.

¿Se puede decir todo, cualquier cosa que se le ocurra a uno? Hasta ahora teníamos entendido que no, que la libertad de expresión tenía unos necesarios límites, por ejemplo: no se puede negar el holocausto, no se puede hablar de la superioridad de la raza aria. Pero sí se puede negar el cambio climático o la teoría de la evolución. Resulta contradictorio ¿no creen?

¿Cuál es el reproche que la justicia penal hace a Luís García Montero? ¿Es por el fondo de lo que dice cuando responde a José Antonio Fortes, o es por la forma?

Esto es uno de los aspectos de “el caso” que habría que  dilucidar, o al menos intentar dilucidar. Y no existe, para el necesario intento, otra vía que la de un recurso que, en cierto modo, trasciende lo episódico en unos momentos tan delicados para la determinación de los límites a la libertad de expresión.

Si vale cualquier cosa seguiremos en manos de los “storytellings” y de sus trucos. Por ejemplo.

El espejismo de la sangre

Noviembre 4, 2008

A ciertos avances en el campo de las ciencias han solido corresponder otras ciertas formas de pensar. Por ejemplo, en el siglo XIX se justificaba la inferioridad de la mujer, entre otras razones, en la menor capacidad craneal de éstas respecto a los varones. Se ha buscado el prototipo del criminal mediante la constatación de ciertas características físicas, se ha negado la condición humana a los miembros de “otras razas” y se viene aplicando el darwinismo social, con expresiones tan arraigadas en nuestro ideario oculto como “el pez grande se come al chico”, a las relaciones sociales, económicas e incluso familiares.

 

La realidad se nos vuelve a mostrar como espejismo de lo científico.

 

Pero lo que nos ha sorprendido en estos días, pues debía ser un secreto muy bien guardado, es que la realeza se muestre crudamente como otro espejismo.

 

La imagen pública se diluye, deja de aparecer como una especie de hada benefactora y siempre a punto para la etiqueta o la obra social o el acompañamiento o la sensibilidad exquisita, todo ello a causa de unas manifestaciones sobre lo que en realidad piensa sobre “lo real” ( o cualquiera de sus dobles o representaciones)

 

Y lo real se impone, en sus dos vertientes, externamente al espejismo de su imagen e internamente a su propia realeza que, como asunto de sangre o de genes o de adn, es otro espejismo. Se desvanece la ilusión.

 

Se nos descubre así a una persona que es libre para decir lo que piensa, pero que se ha rodeado de personas que por razones comerciales o ideológicas no son libres de pensar lo que dicen. Hay muchos motivos para abdicar de esa libertad y probablemente las ventas o la notoriedad o la propaganda sean motivos que puedan más que el buen juicio.

 

No pienso leer o recomendar este libro, ni juzgar las manifestaciones de una persona mayor que vive, como todo el mundo, rodeada de los espejismos que crea la confianza en las personas. O sea como todos, un poco engañada, creyendo ver lo que no existe.

Repaso una entrevista con Max Hasting, que leí hace tiempo y vuelve a saltar la emoción contradictoria por algunas anécdotas que forman parte de la Historia Militar. Es una incongruencia esto de ser pacifista radical y conmoverse ante manifestaciones de valor, abnegación, clarividencia o gallardía. Pero es una incongruencia o contradicción aparente, porque según Hastings la guerra es la más terrible, pero también la más conmovedora de las experiencias humanas y saca lo mejor y lo peor de cada uno. Y lo que emociona de la guerra es la constatación, a través de episodios aislados, de algunos rasgos, también muy aislados, de la grandeza humana que brillan más en el centro de la crueldad, el odio y  los instintos sanguinarios destructivos.

Y no estamos hablando solamente del valor o del coraje, que en una cita del propio Hastings, se define como un capital y no un ingreso, es decir que es algo de lo que se dispone en una cantidad precisa y consumible. Y ya está.

La más terrible experiencia humana, la primera que habría que condenar, rechazar, prohibir, proscribir… etc. la organización de medios materiales y humanos, junto con el adiestramiento para la destrucción de la vida, y de los medios del contrario, del enemigo, que es un concepto abstracto, puede sacar lo mejor de algunas personas, pero esto es solamente una posibilidad. Lo que es seguro es que saque lo peor en la práctica totalidad de las veces.

Se reviste de grandeza el gesto de las tropas de Lord Monrose de apartar de la batalla al bardo “Si mueres ¿quién explicará lo que pase?” Pero en realidad la máquina necesita la voz que realce los valores que la sostienen.

Para mí no hay épica ni grandeza en ningún gesto que adorne o barnice un dispositivo, como el bélico, que persigue, con todos los medios técnicos y estudios de eficiencia, la destrucción de otros seres.

Pero Hastings, a pesar de que a veces destaca la grandeza del ser humano en medio de las condiciones de guerra, es un historiador serio, que ha estado en muchas guerras y en muchas batallas y entiende perfectamente lo que piensan y sienten los protagonistas, los que intervienen.

La editorial Crítica ha publicado dos obras claves de Max Hastings Armagedón, sobre la derrota de Alemania en la II Guerra Mundial, y Némesis sobre el hundimiento de Japón en el mismo conflicto. Sus obras trascienden la mera descripción de las campañas o de las batallas y ajusta cuentas con personajes y con países, con unos pasados que no han sido asumidos ni examinados. Algunos ejemplos menos conocidos:

El imperio japonés provocó 50 millones de muertos en China, todavía no ha asumido públicamente esto ni ha pedido disculpas, Aunque el recurso de acudir a la masacre no fue una exclusiva de japoneses y alemanes, lo cierto es que para éstos era habitual el echar mano de este medio.

Rusia abrió sus archivos de la II Guerra Mundial y los ha vuelto a cerrar.

Francia no ha publicado todavía su historia en esta guerra.

Y mientras leemos a Hastings, esperamos para la primavera próxima el libro de Jorge M. Reverte basado en documentos inéditos que prueban que el coronel Vicente Rojo propuso al Gobierno de Negrín que provocara una guerra con la Alemania nazi en 1937, el día 31 de mayo. ¿Qué hubiera ocurrido?

Hace poco anunciábamos la elección de la novela de Aravind Adiga “Tigre blanco” como el próximo “Libro con Huella” y escribimos este texto.

Insertamos, llenos de entusiasmo, la noticia de la selección de la novela que habíamos elegido, porque nos había encantado a todos los integrantes de “Librerías con Huella”.
Poco tiempo después se anunció que la novela estaba entre los finalistas del premio Man Booker 2008.
Y hoy anunciamos que nuestro elegido ha ganado el premio y que estamos gestionando que presente su obra en nuestras librerías.
El Man Booker está dotado con 50.000 libras esterlinas y es el premio de ficción en lengua inglesa más prestigioso del Reino Unido.
El joven escritor indio se impuso así a los otros cinco finalistas, el australiano Steve Toltz, por ‘A Fraction of the Whole’; el irlandés Sebastian Barry, por ‘The Secret Scripture’; el indio Amitav Ghosh, por ‘Sea of Poppies’; la inglesa Linda Grant, por ‘The Clothes on Their Backs’, y el inglés Philip Hensher, por ‘The Northern Clemency’.
Salman Rushdie, que figuraba entre los 13 primeros autores seleccionados para el galardón por su novela ‘Enchantress of Florence’, se quedó fuera de la última lista.
En ediciones pasadas, el galardón ha ido a parar a escritores tan conocidos como el surafricano J. M. Coetzee (Premio Nobel de Literatura en el 2003), el anglo-indio Salman Rushdie y la canadiense Margaret Atwood.

Respetar el medio ambiente

Octubre 14, 2008

Leí  un comentario de Manuel Rivas sobre la estupidez humana referida al renacimiento de los planteamientos de la energía nuclear como energía “limpia” en el que hacía referencia a un libro “El espejismo nuclear”  http://www.librerialuces.com/libro/El_espejismo_nuclear/isbn/978-84-936536-2-0

La mayor ilusión, óptica e ideológica, que sufre el hombre del llamado primer mundo es la de creer, a pesar de los datos, que podemos seguir viviendo con este ritmo de consumo. Ése es el espejismo más acuciante. Creemos que podemos seguir así, cuando en realidad no podemos permitirnos ese lujo. Es una ilusión, un engaño.

Para empezar con un hecho cotidiano y común les sugiero que guarden todas las bolsas de plástico que se les entreguen con sus compras durante un mes. Comprobarán que vivimos rodeados de plástico. Casi 11 mil millones de bolsas de plástico se entregan al consumidor, por lo que cada español acumula una media de unas 240 al año. De éstas solamente se recicla un 10%.

La inocente bolsa de plástico se ha convertido en una de las especies más peligrosas para nuestro entorno. En el mar causan la muerte (267 especies afectadas) y en el campo tardan 100 años en ser eliminadas. Todo ello sin contar con el gasto energético y de CO2 que conlleva su producción.

En San Francisco están prohibidas en los supermercados, en China solamente se pueden regalar las muy finas y se cobra por el resto, en Irlanda y en Londres (y otras 80 ciudades que siguieron esa línea) hay un impuesto por cada bolsa que se usa. En otros lugares se impone la obligación de reciclar. ¿Dejaremos pronto de ver en España esas bolsas que cuelgan de los árboles o que pueblan algunos fondos marinos? Dañina y superflua, la proliferación de las bolsas de plástico representan un estilo de vida que no nos podemos seguir permitiendo.

Como empresa en Librería Luces se decidió hace tiempo que había que empezar a hacer algo, aunque fuera testimonial. En un principio lanzamos la iniciativa de una bolsa de tela, que se puede plegar y guardar en un bolso, una cartera o un bolsillo incluso, la llamamos la bolsa de los libros.  Muchos clientes acogieron y acogen esta iniciativa y vienen a visitarnos con la bolsa por lo que rechazan las bolsas de plástico.

 http://www.librerialuces.com/libro/La_bolsa_de_los_libros/isbn/X-00869929

Ahora estamos sustituyendo las bolsas de plástico por las biodegradables, reutilizables y compostables, unas bolsas hechas de almidón de patata, que se degrada en 90 días completamente. Apenas se entregan ahora en nuestras librerías bolsas de plástico.

Estas Navidades tenemos previsto no utilizar más bolsas de plástico.

Por algo hay que empezar.

La polémica está planteada y los defensores del uso, aunque sea pagando por cada bolsa, del plástico, tardarán en reconocer que, a pesar del reciclado y aún en el caso de que afectara al cien por cien de las bolsas, el costo medioambiental de su fabricación, a partir de petróleo, es enorme y lo estamos pagando ahora mismo.

Decía Galeano que los hombres hemos dejado de adorar al becerro de oro, ahora adoramos el oro del que está hecho el becerro. Tan triste como real.

 

En menos de una semana he terminado de leer la novela de Stieg Larsson. Y me ha gustado muchísimo. Los hombres que no amaban a las mujeres es la crónica negra de la vida de las personas que solamente aman el dinero y lo que el dinero te proporciona, venga de donde venga, tenga el color que tenga, se obtenga como se obtenga.

 

Yo recomiendo y propongo esta lectura de la novela, una novela que me ha parecido un extraordinario best-seller de calidad. “Los hombres que no amaban a las mujeres” es la primera parte de una trilogía llamada Millenium. Al contrario de lo que podría esperarse, esta primera parte deja todos los hilos de la trama perfectamente cerrados y a pesar de ello, cuando uno la termina de leer ya está deseando empezar la segunda parte. Hay que destacar este mérito del autor que renuncia a mantener la tensión narrativa con un artificio tan común como el de los cabos narrativos sin resolver.

 

Un periodista económico al que las reglas del sistema expulsan injustamente, una especie de freak, personaje realmente bien construido y original, a la que la sociedad ha marginado y que desea seguir manteniéndose al margen voluntaria y tenazmente, un viejo magnate retirado que focaliza las muchas culpas de su vida sobre la desaparición de un miembro de su familia y otros muchos y variados personajes van tejiendo una trama que poco a poco pone al desnudo los mecanismos que impulsan sus decisiones.

 

Al poco tiempo de terminar el rodaje de El Padrino, Coppola dijo que en realidad él no veía mucha diferencia entre una reunión del consejo de familias de la Mafia y las del  consejo de administración de algunas multinacionales.

 

El día 25 de noviembre, así está anunciado, aparecerá la segunda parte de esta trilogía y somos muchos los que la esperamos, pues nos promete seguir gozando de literatura entretenida, que te atrapa y no te suelta.

 

Lecturas amenas y de calidad

Setiembre 30, 2008

 

 Las circunstancias no me han permitido preparar la entrada de esta semana, como hubiese querido.

 

Ahora mismo solamente se me viene a la cabeza hablar del aparato digestivo, del mío en particular, y del sistema andaluz de salud. Del primero tendría que hablar mal y del segundo muy bien.

 

No he podido leer apenas, solamente un libro en toda una semana, no he podido navegar por la red, no he podido, postrado y medicado, alcanzar una mínima concentración.

 

No es posible recuperar el tiempo no empleado en mi actividad favorita que se ha convertido en nueva profesión. Pero el libro que he leído me ha merecido la pena. Se trata de la primera publicación de Miscelánea, un sello editorial de Roca Editores: “Mr. Sebastian y el Mago Negro” de Daniel Wallace.

 

Al autor lo recordamos por “Big Fish” y por “El Rey de la Sandía”. Dos buenas y emocionantes novelas cargadas de fantasía y lirismo.

 

Un mago, un circo “chino” y sus artistas, Marianne La Fleur, agentes artísticos, un maestro que es la encarnación del mal… son algunos de los ingredientes de este libro que teje una literatura fantástica, escrita con un lenguaje sencillo y directo, lleno de recursos que no por frecuentes desmerecen una obra muy recomendable en la que al final nada resulta ser lo que aparenta.

 

Pura magia que llega al corazón.

 

 

 

 

 

He terminado de leer la novela de Isaac Rosa “El país del miedo”. Buen libro.

La portada es un acierto, la Bruja del Oeste ¿o es la del Este? de la película “El Mago de Oz” con su sombra “amenazante”. Porque el miedo es el hilo conductor de la novela, el miedo innato, el miedo aprendido, el  miedo inducido, el miedo que atenaza, el miedo que impide pensar. El miedo en todas sus facetas.

La obra trata sobre los miedos que sufre el protagonista. A medida que va experimentando sus propios temores, éstos se convierten en la guía sobre la que se van anudando los demás. Los miedos del protagonista provienen de la amenaza de un solo personaje. Son miedos ilegítimos que el Estado debería solucionar, pues al Estado hemos cedido el poder de disponer sobre nuestra vida a cambio de que regule una convivencia civilizada.

Pero el miedo es libre, cada cual toma la cantidad y calidad que quiera, y al poder le interesa el miedo. Así vamos cediendo espacios de libertad individual a cambio de nada, de una seguridad que se nos promete pero que no se nos entrega. El miedo nos gobierna y con miedo somos más dócilmente gobernados.

¿A qué tenemos miedo? El catálogo de la obra de Isaac Rosa es extenso, razonado y casi exhaustivo, contiene casi todos los miedos comunes que atraviesan y tiñen una existencia común de persona normal. El acierto del narrador no estriba solamente en poner de relieve la realidad, de esos temores, latentes sólo en nuestra conciencia aunque determinen nuestros pasos, hay que resaltar también el estupendo desarrollo de una trama sencilla y su brillante resolución.

No es un libro para asustar, es un libro para reflexionar y para vencer los miedos.

Y un libro que recomendamos en estos tiempos de miedo a la crisis, a la ruina, a dar un paso atrás en nuestra escalada consumista. ¡Nos hundimos! Es la consigna. Esperamos que los lectores de esta novela sabrán discriminar el origen y la naturaleza de sus miedos y cómo hacerles frente.